jueves, 26 de marzo de 2015

Homeopatía



Hace tiempo que no actualizo este blog. La verdad es que demasiados factores me tienen apartado de todo esto. Pero desde hace unos días no hacen más que preguntarme sobre la homeopatía, sobre lo que es realmente, sobre sus efectos, si funciona de verdad o si es simplemente un timo.  Así que voy a dedicarle un momento al blog para intentar poner en palabras sencillas todo lo que es la homeopatía, de una forma objetiva, para que todo el que lo lea pueda ir formándose su propia opinión, y ya al final será cuando de mi propia opinión sobre este tema.

                      

HISTORIA

Empecemos este pequeño artículo hablando del concepto histórico de la homeopatía. 

A finales del siglo XVIII un médico alemán llamado Christian Friedrich Samuel Hahnemann, ideó un nuevo concepto médico: la homeopatía. Según éste médico, todos los males del cuerpo eran causados por los “miasmas”, que definió como “el principio infeccioso de las enfermedades crónicas”, y venían a ser los síntomas de las enfermedades. El más importante era el “psora”, el cual era el “mal subyacente” a cualquier enfermedad que cursase con picazón (según él, esta “Psora” era la causante de enfermedades como la sarna, el cáncer, cataratas, etc.). Para él no existía un “agente infeccioso” externo, sino que era el propio cuerpo el que, por la causa que fuese, creaba los miasmas, y por lo tanto para curarlo lo mejor que se podía hacer era tratar el síntoma, pues el propio síntoma era el origen del miasma. Ello se debía a que el ser humano tenía dos componentes diferenciados, el cuerpo físico y la fuerza vital. En cualquier caso el miasma era provocado por el propio ser humano, si nacía del cuerpo físico, el miasma afectaba a la fuerza vital, y ésta causaba en el cuerpo físico una serie de síntomas acordes al miasma original. Si por el contario el miasma nacía de la propia fuerza vital, los síntomas que la fuerza vital causaba en el cuerpo físico eran aún más pronunciados y graves.


Para curar estas afecciones de la fuerza vital, la mejor forma, según Hahnemann, era darle a esa fuerza vital un empuje que la obligase a regenerarse y ganar poder. Para ello, como la forma que tenía esa fuerza vital para mostrar su malestar es a través de unos síntomas, para curarla habría que darle algo al cuerpo que tuviese una fuerza idéntica a nivel síntomas. Su hipótesis radicaba en el hecho de que ciertas sustancias provocaban en el cuerpo humano una serie de síntomas idénticos a los que provocaban los miasmas, y dichas sustancias podían ser empleadas para curarlas. Pues si una sustancia, en concentración elevada, causaba un síntoma, la misma sustancia, en una concentración muy diluida, debería poder curarlo. 

Pero no sólo había que diluir la sustancia, también eran necesario “dinamizar” (algunos también denominan al proceso “sucucionar”) el diluyente para que adquiriese las propiedades curativas del sustrato. Esta dinamización consistía en un proceso de agitación muy concreto (un mínimo de 100 agitaciones en un minuto) mediante el cual se imbuía al diluyente (agua o alcohol) de una energía que le permitiría guardar sólo las propiedades beneficiosas del sustrato al tiempo que purgaba las propiedades negativas.


Según Hahnemann cuanto más diluida estuviera la sustancia, mayor sería su efectividad.





PROCESOS DE DILUCIÓN

En homeopatía se suelen usar tres escalas logarítmicas para numerar los componentes homeopáticos. La C (también denominada CH o centesimal Hahnemaniana ) la D (también denominada X o DH o decimal Hahnemaniana) y la K (también llamada centesimal Korsakoviana). Vamos ahora a explicar lo que significa cada una de ellas.


La Centesimal Hahnemaniana es la numeración empleada para explicar el número de diluciones hechas en una base de 1 a 100. En un recipiente de 100 ml de capacidad se introduce 1 unidad del sustrato a diluir y se rellena hasta los 100 ml con agua destilada. Luego se procede con la “dinamización” y se saca 1 ml, el cual es la sustancia a 1CH. Ese ml se vuelve a introducir en un recipiente con 99 ml de agua destilada, se “dinamiza” otra vez y se vuelve a sacar otro ml, el cual es la sustancia a 2CH. Y se sigue así sucesivamente hasta obtener la sustancia en la dilución deseada, momento en el que se procede a hacer la inclusión en el sustrato final (azúcar, lactosa, agua, etc.). La dilución más empleada en homeopatía (la más potente) es la 30CH. Para ponerlo en números que se puedan entender, una dilución 1CH significa que hay 1 parte de producto por cada 100 partes de agua, 2 CH significa que hay 1 parte de producto por cada 10.000 partes de agua… y 30CH significa que hay 1 parte de producto por cada 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 partes de agua (lo que vienen a ser 1060 partes de agua, o lo que es lo mismo 60 ceros detrás del 1). Más rápido podemos hacerlo de cabeza si multiplicamos el número que hay antes del CH por 2 y el resultado final es el número de ceros que hay que escribir antes del 1, para saber las partes de agua que hay por cada parte del producto.


La Decimal Hahnemaniana es la numeración empelada para explicar el número de diluciones hechas en una base de 1 a 10. En un recipiente de 10 ml de capacidad se introduce una unidad del sustrato y se rellena hasta los 10 ml con agua destilada. Se procede con la “dinamización” y se saca 1 ml, el cual es la sustancia 1DH. Al igual que en el caso anterior, se sigue con el proceso hasta obtener la dilución deseada, momento en el que se procede a hacer la inclusión en el sustrato final. Poniéndolo en números que se puedan entender, una dilución 1DH significa que hay 1 parte del sustrato por cada 10 partes de agua (es decir, al 10%), una dilución DH significa que hay 1 parte del sustrato por cada 100 partes de agua (al 1%), y así sucesivamente, hasta obtener las típicas diluciones 8DH (una parte del producto por cada 100.000.000 partes de agua) y 12D (una parte del producto por cada 1.000.000.000.000 partes de agua). Más fácil lo tenemos si simplemente ponemos el número que hay antes del DH como número de ceros que hay que escribir antes del 1 para saber la cantidad de partes de agua que hay por cada unidad de producto.


La Centesimal Korsakoviana es un tipo de dilución que se basa en cambiar el método de dilución. Según este proceso, lo primero que hay que hacer es verter en un matraz de 100 ml la sustancia pura hasta enrasar. Se “dinamiza” y luego se vacía el contenido. Al vaciar, por el principio de adherencia y arrastre se estima que en el matraz queda un resto aproximado de 1 ml del producto puro, así que se llena hasta el enrase con agua. Se dinamiza y se vuelve a vaciar. Lo que queda en el matraz vendría a ser una dilución 1K. Se volvería a hacer todo el proceso tantas veces como diluciones se quieran obtener. En el caso de las diluciones K, las más aceptadas como más potentes son las superiores a las 1000K (llegando incluso a haber diluciones 100.000K). Aquí ya no voy a hacer el cálculo de ceros que hay que escribir después de 1 para saber que partes de agua hay por cada parte de sustrato, porque no habría página para rellenar.



ACCIÓN Y MECANISMO

La homeopatía actual se basa en el concepto de “memoria del agua”. Las sustancias puras causan una serie de síntomas en el cuerpo humano. El agua, a través del proceso de dinamización y dilución, adquiere “memoria” de esa sustancia, de forma que aunque en la dilución final no haya sustancia, sí que queda la “idea” de la sustancia en la “memoria” del agua, de forma que cuando se le da esa agua a la persona, el cuerpo es capaz de “aprender” de esos conocimientos que le transmite el agua para así poder curarse de los “miasmas” malignos que tiene dentro de su cuerpo.  


Por eso mismo los productos homeopáticos tienen que ser “individualizados”, el homeópata ha de hacer un buen trabajo de investigación con el paciente, aprendiendo de él todos y cada uno de los síntomas y las circunstancias en que se da cada síntoma, para poder analizar qué productos son los que tiene que diluir para que haga efecto la homeopatía. Esto suele ser un proceso lento, en el que el paciente ha de explayarse, explicando todo lo que le ocurre, con calma, con tranquilidad, con objetividad, mientras el homeópata ha de hacer una función detectivesca, analizando todo lo que le explica su paciente para ser capaz de ver más allá de las palabras a los hechos concretos, observando y analizando cada palabra hasta alcanzar todos y cada uno de los síntomas y en qué situación se da cada uno de ellos. 


Una vez realizada la función detectivesca, el homeópata recurre a los libros de homeopatía para ir buscando las sustancias apropiadas, pues cada sustancia causa una serie de síntomas concretos, y ha de encontrar aquella combinación de sustancias que, todas juntas, causen exactamente los mismos síntomas que ha descrito el paciente. 


Al final se procede a hacer una serie de diluciones de cada sustancia (se procede en función de la descripción del paciente, así a mayor gravedad del síntoma, mayor necesidad de dilución, a menor gravedad, menor necesidad de dilución), hasta obtener el producto final. 


Este producto final suele ser un gránulo de lactosa (el sustrato final más usado en homeopatía), en el cual se ha añadido el agua resultante final del proceso de dilución. Se busca que el producto esté tan diluido que no haya ningún tipo de posibilidad de encontrar ningún rastro del producto inicial en él, sino que el agua tenga una memoria muy potente (a más diluido más potencia) para educar al cuerpo en la lucha contra el síntoma en sí.



CONCLUSIONES

Después de leer el análisis anterior, en el cual creo que he sido lo suficientemente neutro como para no predisponer a nadie ni a favor ni en contra de la homeopatía, ¿cuál es vuestra respuesta? ¿Es la homeopatía un fraude? ¿Es un timo? 













Bueno, ahora que ya habéis pensado por vuestra cuenta, y habiendo llegado a la conclusión individual a la que hayáis llegado, me toca a mí dar mi propia visión del tema. 


En primer lugar decir que soy farmacéutico. Que soy científico. Y la base de la ciencia es la demostración empírica. Analizar los hechos hasta encontrar su explicación. Y en el caso de la homeopatía, su explicación científica es nula. No existe demostración científica de la misma. No hay nada a lo que agarrarse en ninguno de sus principios para afirmar que su efecto no es más que humo y espejos. Pura “magia” y “fe”. 


La homeopatía no funciona. Nunca ha funcionado y nunca funcionará. 


En los tiempos de Hahnemann la homeopatía tal cual la diseñó él tenía su utilidad no porque funcionase, sino precisamente porque no funcionaba. En aquel entonces, la base de la medicina era más el “ensayo y error” que la ciencia propiamente dicha. Las enfermedades se curaban a base de sanguijuelas, a base de purgar a las personas, a base de medicamentos que hacían más daño que bien. La higiene en aquel entonces era bastante discutible. De forma que la medicina “tradicional” no es que fuese una gran ayuda para las personas con dolencias “simples”, pues en muchos casos era incluso peor el remedio que la enfermedad. Y precisamente en estos casos la homeopatía funcionaba bien, no porque funcionase en sí misma, sino porque evitaba que se usasen otro tipo de medicinas y tratamientos y permitían al paciente que se curase por si mismo. 


Pero a día de hoy, que la ciencia y la medicina van de la mano, ya no queda cabida para la magia.  


Una cosa es el “amimefuncionismo” tan habitual cuando se habla de estos temas (ya sea homeopatía, chacras, reiki, fuerza vital, etc.), que no viene a ser más que el hecho de que una persona conozca a alguien a quién le funcionó, o que a esa misma persona le haya funcionado, y que por lo tanto ya asuma que le va a funcionar a todos los demás. Eso no es así. Si a una persona le funcionó, lo que hay que analizar es el “porqué” a esa persona le funcionó. Pues la homeopatía no funciona en sí misma, eso es un hecho. Lo más probable es que se tratase de una dolencia de curación espontánea, en cuyo caso la persona hubiera curado por si misma, tomase algo o no tomase nada, pero a nivel psíquico la persona asocia el hecho de haber tomado homeopatía con el hecho de haberse curado, cuando no hay relación real causa-efecto. Un ejemplo viene a ser la gripe. En una gripe común (ya no entremos en los subtipos más raros, como la gripe A) una persona va a estar enferma 7 días (puede tener el pico de gravedad entre 2 y 4 días normalmente, que son los realmente incapacitantes) tome medicación o no tome nada (como se solía decir en mi pueblo, la gripe se cura en 7 días con medicinas y en una semana sin ellas). Evidentemente, tomar  medicinas hará que se pase mejor (si se tienen picos de fiebre de 39 grados, tomar un paracetamol para que baje la fiebre disminuye los síntomas y el malestar), pero aunque el cuerpo esté mejor, la realidad es que la gripe sigue dentro y sigue activa.


Por eso lo principal es saber analizar la dimensión “causa-efecto”. Y la homeopatía, desde el mismo momento en que se basa en que la causa de todas las enfermedades es el “miasma” de la “fuerza vital” (es decir, endógena siempre), cuando ya se ha demostrado que la mayoría de las enfermedades tienen fuentes exógenas (virus, bacterias, hongos, tóxicos, etc.), hace que pierda toda la validez.


Y todo ello sin entrar a valorar el concepto de “dilución”… que una sustancia, cuanto más diluida, más potente, es de la mayor estupidez jamás ideada. Decir que el agua tiene memoria, para explicar que si se le da a un paciente un producto homeopático y dicho producto no es más que agua (no tiene ya ningún tipo de principio activo dentro) sigua haciendo efecto.



En química farmacéutica hay un concepto llamado “margen terapéutico”. La idea del mismo, en palabras sencillas, es que una sustancia va a tener el efecto deseado en un rango de concentración concreto. Hay sustancias que tienen un margen amplio, mientras que otras tienen un margen muy estrecho. Según este concepto, si a una persona se le da la sustancia en una concentración superior al margen terapéutico, se la puede llegar a matar, pues pasa a ser tóxica. Si se la da en una concentración inferior a dicho margen terapéutico, deja de tener el efecto buscado y pasa a ser inefectiva. 


Es decir, que según la homeopatía, si se da una sustancia en cantidad inferior a su margen terapéutico, deja de hacer efecto, pero si se le da muchísimo menos que su margen terapéutico (cantidades infinitesimales), vuelve a tener efectividad, pero a un nivel opuesto. Por poner un ejemplo: la cafeína. Si se da mucha cantidad, se puede llegar a matar a una persona (la LD50 de la cafeína es de 10gr, el equivalente a tomarse 100 tazas de café negro bien cargado; la LD50 es la “dosis letal mediana”, es decir, la dosis necesaria para que de una muestra de 100 individuos, 50 mueran). Si se da una cantidad que esté dentro del margen terapéutico, se generan síntomas de hiperactividad, insomnio, irritabilidad, excitabilidad, etc. Si se da en poca cantidad no tiene efecto… pero si se da en cantidad homeopática (dosis infinitesimales) tiene el efecto contrario, es decir, es un relajante y sedante. Este es un ejemplo real, pues hay productos homeopáticos diseñados como somníferos para las personas con insomnio, y su compuesto principal es precisamente la cafeína. Y cuanto más diluida esté, más potente es su efecto sedante, es decir, que una dilució 30CH de cafeína sería capaz de hacer dormir a una persona durante una semana o más... eso sí, bien clarito en la caja ponen que no tiene efectos secundarios, ni tampoco causa somnolencia (¿no es esto un poco incongruente? ¿que un produto para dormir no cause somnolencia?). Y usando este mismo ejemplo, haciendo un cálculo sencillo, si se estima que en la Vía Láctea hay 1048 estrellas, una dilución 30CH (1060 partes de agua por parte de principio activo) de cafeína sería como decir “asumiendo que la molecula de cafeina es del tamaño de una estrella… encuéntrala entre todas las estrellas de la Vía Láctea y parte del extranjero”… pues el número de partes de agua por parte de principio activo sería aún superior a la relación de todas las estrellas de nuestra galaxia con nuestro Sol.

Pasemos ahora a analizar el concepto de "memoria del agua". Aquí simplemente decir que si el agua tiene memoria... ¿porqué el ser humano enferma? Después de todo, el agua que bebemos, por más que la purifiquemos, por más que la tratemos, por más que la limpiemos, debería tener la memoria de todas las sustancias que han estado en contacto con ella, por lo que simplemente bebiendo un vaso de agua, deberíamos habernos inmunizado contra todos los males del "mundo mundial". Y lo de la dinamización o sucucionación para explicar el hecho de que "sólo el agua dinamizada guarda memoria" es de risa... ¿Ningún homeópata se h fijado en las olas del mar rompiendo contra la costa? ¿No está ese agua suficientemente dinamizada? ¿Y el agua de los desagües? ¿No valdría como dinamización el remolino de agua que se forma al tirar de la cadena del retrete? Mejor no seguir con este tema, porque aquí ya no hay siqueira un mínimo atisbo de raciocinio... esto es estupidez pura y dura.


En resumen, y por no explayarme más en este tipo de magias y magufadas, decir que hay que ser crítico con todo. A nivel farmacoterapéutico, cuando un producto dice claramente que NO tiene efectos secundarios, es porque NO tiene efectos de ninguna clase. Y no hay más que hablar. La homeopatía no es más que un timo. Un claro ejemplo de que la gente necesita de la “fe”. Y esto es muy grave. Porque los defensores de la homeopatía también son grandes detractores de la ciencia en si misma… y si bien puede parecer que el que una persona quiera tratar sus problemas de ansiedad con homeopatía no tiene mayor importancia, sí que lo tiene cuando esa persona también quiere tratar un cáncer con homeopatía. Lo primero es irrelevante, lo segundo no. 


Y por eso mismo, desde la profesión sanitaria, debería ser importante que fuésemos sinceros y correctos en nuestros comentarios al respecto. Nada hace más daño a la salud de la gente que el hecho de que una persona diga: “pues mi médico me lo recetó” o “mi farmacéutico me lo recomendó”… Un médico o un farmacéutico que receten o recomienden este tipo de productos (porque lo siento mucho, pero me niego a llamarlos medicinas… no lo son) han perdido por completo cualquier credibilidad. Han fallado a su juramento hipocrático. Han fallado como profesionales sanitarios. 


La homeopatía no funciona. Es un timo. Es un fraude. Y esto no es una opinión… esto es un hecho, esto es ciencia.

2 comentarios:

Varginha Gravuun dijo...

Ooh, es casi como jugar a ser alquimista... Sólo que sin involucrar aspectos astrológicos, metalurgicos (entre otros) en los cálculos, claro.

Gangrol dijo...

Bueno... en realidad sí... que si nos ponemos a indagar en los "productos homeopáticos", podemos encontrar "luz solar" y "luz lunar" como principios activos (los cuales también tienen que ser diluidos, que sino, no tienen fuerza suficiente). También tienen otros más "físicos", pero no por ello menos impresionantes, como son "hígado de pato podrido" o "heces de perro"...

pero preferí no comentar nada de esto... porque entonces sí que ya, más que un post serio parecería de cachondeo (aunque claro... la homeopatía en sí, es un chachondeo).