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jueves, 26 de marzo de 2015

Homeopatía



Hace tiempo que no actualizo este blog. La verdad es que demasiados factores me tienen apartado de todo esto. Pero desde hace unos días no hacen más que preguntarme sobre la homeopatía, sobre lo que es realmente, sobre sus efectos, si funciona de verdad o si es simplemente un timo.  Así que voy a dedicarle un momento al blog para intentar poner en palabras sencillas todo lo que es la homeopatía, de una forma objetiva, para que todo el que lo lea pueda ir formándose su propia opinión, y ya al final será cuando de mi propia opinión sobre este tema.

                      

HISTORIA

Empecemos este pequeño artículo hablando del concepto histórico de la homeopatía. 

A finales del siglo XVIII un médico alemán llamado Christian Friedrich Samuel Hahnemann, ideó un nuevo concepto médico: la homeopatía. Según éste médico, todos los males del cuerpo eran causados por los “miasmas”, que definió como “el principio infeccioso de las enfermedades crónicas”, y venían a ser los síntomas de las enfermedades. El más importante era el “psora”, el cual era el “mal subyacente” a cualquier enfermedad que cursase con picazón (según él, esta “Psora” era la causante de enfermedades como la sarna, el cáncer, cataratas, etc.). Para él no existía un “agente infeccioso” externo, sino que era el propio cuerpo el que, por la causa que fuese, creaba los miasmas, y por lo tanto para curarlo lo mejor que se podía hacer era tratar el síntoma, pues el propio síntoma era el origen del miasma. Ello se debía a que el ser humano tenía dos componentes diferenciados, el cuerpo físico y la fuerza vital. En cualquier caso el miasma era provocado por el propio ser humano, si nacía del cuerpo físico, el miasma afectaba a la fuerza vital, y ésta causaba en el cuerpo físico una serie de síntomas acordes al miasma original. Si por el contario el miasma nacía de la propia fuerza vital, los síntomas que la fuerza vital causaba en el cuerpo físico eran aún más pronunciados y graves.


Para curar estas afecciones de la fuerza vital, la mejor forma, según Hahnemann, era darle a esa fuerza vital un empuje que la obligase a regenerarse y ganar poder. Para ello, como la forma que tenía esa fuerza vital para mostrar su malestar es a través de unos síntomas, para curarla habría que darle algo al cuerpo que tuviese una fuerza idéntica a nivel síntomas. Su hipótesis radicaba en el hecho de que ciertas sustancias provocaban en el cuerpo humano una serie de síntomas idénticos a los que provocaban los miasmas, y dichas sustancias podían ser empleadas para curarlas. Pues si una sustancia, en concentración elevada, causaba un síntoma, la misma sustancia, en una concentración muy diluida, debería poder curarlo. 

Pero no sólo había que diluir la sustancia, también eran necesario “dinamizar” (algunos también denominan al proceso “sucucionar”) el diluyente para que adquiriese las propiedades curativas del sustrato. Esta dinamización consistía en un proceso de agitación muy concreto (un mínimo de 100 agitaciones en un minuto) mediante el cual se imbuía al diluyente (agua o alcohol) de una energía que le permitiría guardar sólo las propiedades beneficiosas del sustrato al tiempo que purgaba las propiedades negativas.


Según Hahnemann cuanto más diluida estuviera la sustancia, mayor sería su efectividad.





PROCESOS DE DILUCIÓN

En homeopatía se suelen usar tres escalas logarítmicas para numerar los componentes homeopáticos. La C (también denominada CH o centesimal Hahnemaniana ) la D (también denominada X o DH o decimal Hahnemaniana) y la K (también llamada centesimal Korsakoviana). Vamos ahora a explicar lo que significa cada una de ellas.


La Centesimal Hahnemaniana es la numeración empleada para explicar el número de diluciones hechas en una base de 1 a 100. En un recipiente de 100 ml de capacidad se introduce 1 unidad del sustrato a diluir y se rellena hasta los 100 ml con agua destilada. Luego se procede con la “dinamización” y se saca 1 ml, el cual es la sustancia a 1CH. Ese ml se vuelve a introducir en un recipiente con 99 ml de agua destilada, se “dinamiza” otra vez y se vuelve a sacar otro ml, el cual es la sustancia a 2CH. Y se sigue así sucesivamente hasta obtener la sustancia en la dilución deseada, momento en el que se procede a hacer la inclusión en el sustrato final (azúcar, lactosa, agua, etc.). La dilución más empleada en homeopatía (la más potente) es la 30CH. Para ponerlo en números que se puedan entender, una dilución 1CH significa que hay 1 parte de producto por cada 100 partes de agua, 2 CH significa que hay 1 parte de producto por cada 10.000 partes de agua… y 30CH significa que hay 1 parte de producto por cada 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 partes de agua (lo que vienen a ser 1060 partes de agua, o lo que es lo mismo 60 ceros detrás del 1). Más rápido podemos hacerlo de cabeza si multiplicamos el número que hay antes del CH por 2 y el resultado final es el número de ceros que hay que escribir antes del 1, para saber las partes de agua que hay por cada parte del producto.


La Decimal Hahnemaniana es la numeración empelada para explicar el número de diluciones hechas en una base de 1 a 10. En un recipiente de 10 ml de capacidad se introduce una unidad del sustrato y se rellena hasta los 10 ml con agua destilada. Se procede con la “dinamización” y se saca 1 ml, el cual es la sustancia 1DH. Al igual que en el caso anterior, se sigue con el proceso hasta obtener la dilución deseada, momento en el que se procede a hacer la inclusión en el sustrato final. Poniéndolo en números que se puedan entender, una dilución 1DH significa que hay 1 parte del sustrato por cada 10 partes de agua (es decir, al 10%), una dilución DH significa que hay 1 parte del sustrato por cada 100 partes de agua (al 1%), y así sucesivamente, hasta obtener las típicas diluciones 8DH (una parte del producto por cada 100.000.000 partes de agua) y 12D (una parte del producto por cada 1.000.000.000.000 partes de agua). Más fácil lo tenemos si simplemente ponemos el número que hay antes del DH como número de ceros que hay que escribir antes del 1 para saber la cantidad de partes de agua que hay por cada unidad de producto.


La Centesimal Korsakoviana es un tipo de dilución que se basa en cambiar el método de dilución. Según este proceso, lo primero que hay que hacer es verter en un matraz de 100 ml la sustancia pura hasta enrasar. Se “dinamiza” y luego se vacía el contenido. Al vaciar, por el principio de adherencia y arrastre se estima que en el matraz queda un resto aproximado de 1 ml del producto puro, así que se llena hasta el enrase con agua. Se dinamiza y se vuelve a vaciar. Lo que queda en el matraz vendría a ser una dilución 1K. Se volvería a hacer todo el proceso tantas veces como diluciones se quieran obtener. En el caso de las diluciones K, las más aceptadas como más potentes son las superiores a las 1000K (llegando incluso a haber diluciones 100.000K). Aquí ya no voy a hacer el cálculo de ceros que hay que escribir después de 1 para saber que partes de agua hay por cada parte de sustrato, porque no habría página para rellenar.



ACCIÓN Y MECANISMO

La homeopatía actual se basa en el concepto de “memoria del agua”. Las sustancias puras causan una serie de síntomas en el cuerpo humano. El agua, a través del proceso de dinamización y dilución, adquiere “memoria” de esa sustancia, de forma que aunque en la dilución final no haya sustancia, sí que queda la “idea” de la sustancia en la “memoria” del agua, de forma que cuando se le da esa agua a la persona, el cuerpo es capaz de “aprender” de esos conocimientos que le transmite el agua para así poder curarse de los “miasmas” malignos que tiene dentro de su cuerpo.  


Por eso mismo los productos homeopáticos tienen que ser “individualizados”, el homeópata ha de hacer un buen trabajo de investigación con el paciente, aprendiendo de él todos y cada uno de los síntomas y las circunstancias en que se da cada síntoma, para poder analizar qué productos son los que tiene que diluir para que haga efecto la homeopatía. Esto suele ser un proceso lento, en el que el paciente ha de explayarse, explicando todo lo que le ocurre, con calma, con tranquilidad, con objetividad, mientras el homeópata ha de hacer una función detectivesca, analizando todo lo que le explica su paciente para ser capaz de ver más allá de las palabras a los hechos concretos, observando y analizando cada palabra hasta alcanzar todos y cada uno de los síntomas y en qué situación se da cada uno de ellos. 


Una vez realizada la función detectivesca, el homeópata recurre a los libros de homeopatía para ir buscando las sustancias apropiadas, pues cada sustancia causa una serie de síntomas concretos, y ha de encontrar aquella combinación de sustancias que, todas juntas, causen exactamente los mismos síntomas que ha descrito el paciente. 


Al final se procede a hacer una serie de diluciones de cada sustancia (se procede en función de la descripción del paciente, así a mayor gravedad del síntoma, mayor necesidad de dilución, a menor gravedad, menor necesidad de dilución), hasta obtener el producto final. 


Este producto final suele ser un gránulo de lactosa (el sustrato final más usado en homeopatía), en el cual se ha añadido el agua resultante final del proceso de dilución. Se busca que el producto esté tan diluido que no haya ningún tipo de posibilidad de encontrar ningún rastro del producto inicial en él, sino que el agua tenga una memoria muy potente (a más diluido más potencia) para educar al cuerpo en la lucha contra el síntoma en sí.



CONCLUSIONES

Después de leer el análisis anterior, en el cual creo que he sido lo suficientemente neutro como para no predisponer a nadie ni a favor ni en contra de la homeopatía, ¿cuál es vuestra respuesta? ¿Es la homeopatía un fraude? ¿Es un timo? 


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Bueno, ahora que ya habéis pensado por vuestra cuenta, y habiendo llegado a la conclusión individual a la que hayáis llegado, me toca a mí dar mi propia visión del tema. 


En primer lugar decir que soy farmacéutico. Que soy científico. Y la base de la ciencia es la demostración empírica. Analizar los hechos hasta encontrar su explicación. Y en el caso de la homeopatía, su explicación científica es nula. No existe demostración científica de la misma. No hay nada a lo que agarrarse en ninguno de sus principios para afirmar que su efecto no es más que humo y espejos. Pura “magia” y “fe”. 


La homeopatía no funciona. Nunca ha funcionado y nunca funcionará. 


En los tiempos de Hahnemann la homeopatía tal cual la diseñó él tenía su utilidad no porque funcionase, sino precisamente porque no funcionaba. En aquel entonces, la base de la medicina era más el “ensayo y error” que la ciencia propiamente dicha. Las enfermedades se curaban a base de sanguijuelas, a base de purgar a las personas, a base de medicamentos que hacían más daño que bien. La higiene en aquel entonces era bastante discutible. De forma que la medicina “tradicional” no es que fuese una gran ayuda para las personas con dolencias “simples”, pues en muchos casos era incluso peor el remedio que la enfermedad. Y precisamente en estos casos la homeopatía funcionaba bien, no porque funcionase en sí misma, sino porque evitaba que se usasen otro tipo de medicinas y tratamientos y permitían al paciente que se curase por si mismo. 


Pero a día de hoy, que la ciencia y la medicina van de la mano, ya no queda cabida para la magia.  


Una cosa es el “amimefuncionismo” tan habitual cuando se habla de estos temas (ya sea homeopatía, chacras, reiki, fuerza vital, etc.), que no viene a ser más que el hecho de que una persona conozca a alguien a quién le funcionó, o que a esa misma persona le haya funcionado, y que por lo tanto ya asuma que le va a funcionar a todos los demás. Eso no es así. Si a una persona le funcionó, lo que hay que analizar es el “porqué” a esa persona le funcionó. Pues la homeopatía no funciona en sí misma, eso es un hecho. Lo más probable es que se tratase de una dolencia de curación espontánea, en cuyo caso la persona hubiera curado por si misma, tomase algo o no tomase nada, pero a nivel psíquico la persona asocia el hecho de haber tomado homeopatía con el hecho de haberse curado, cuando no hay relación real causa-efecto. Un ejemplo viene a ser la gripe. En una gripe común (ya no entremos en los subtipos más raros, como la gripe A) una persona va a estar enferma 7 días (puede tener el pico de gravedad entre 2 y 4 días normalmente, que son los realmente incapacitantes) tome medicación o no tome nada (como se solía decir en mi pueblo, la gripe se cura en 7 días con medicinas y en una semana sin ellas). Evidentemente, tomar  medicinas hará que se pase mejor (si se tienen picos de fiebre de 39 grados, tomar un paracetamol para que baje la fiebre disminuye los síntomas y el malestar), pero aunque el cuerpo esté mejor, la realidad es que la gripe sigue dentro y sigue activa.


Por eso lo principal es saber analizar la dimensión “causa-efecto”. Y la homeopatía, desde el mismo momento en que se basa en que la causa de todas las enfermedades es el “miasma” de la “fuerza vital” (es decir, endógena siempre), cuando ya se ha demostrado que la mayoría de las enfermedades tienen fuentes exógenas (virus, bacterias, hongos, tóxicos, etc.), hace que pierda toda la validez.


Y todo ello sin entrar a valorar el concepto de “dilución”… que una sustancia, cuanto más diluida, más potente, es de la mayor estupidez jamás ideada. Decir que el agua tiene memoria, para explicar que si se le da a un paciente un producto homeopático y dicho producto no es más que agua (no tiene ya ningún tipo de principio activo dentro) sigua haciendo efecto.



En química farmacéutica hay un concepto llamado “margen terapéutico”. La idea del mismo, en palabras sencillas, es que una sustancia va a tener el efecto deseado en un rango de concentración concreto. Hay sustancias que tienen un margen amplio, mientras que otras tienen un margen muy estrecho. Según este concepto, si a una persona se le da la sustancia en una concentración superior al margen terapéutico, se la puede llegar a matar, pues pasa a ser tóxica. Si se la da en una concentración inferior a dicho margen terapéutico, deja de tener el efecto buscado y pasa a ser inefectiva. 


Es decir, que según la homeopatía, si se da una sustancia en cantidad inferior a su margen terapéutico, deja de hacer efecto, pero si se le da muchísimo menos que su margen terapéutico (cantidades infinitesimales), vuelve a tener efectividad, pero a un nivel opuesto. Por poner un ejemplo: la cafeína. Si se da mucha cantidad, se puede llegar a matar a una persona (la LD50 de la cafeína es de 10gr, el equivalente a tomarse 100 tazas de café negro bien cargado; la LD50 es la “dosis letal mediana”, es decir, la dosis necesaria para que de una muestra de 100 individuos, 50 mueran). Si se da una cantidad que esté dentro del margen terapéutico, se generan síntomas de hiperactividad, insomnio, irritabilidad, excitabilidad, etc. Si se da en poca cantidad no tiene efecto… pero si se da en cantidad homeopática (dosis infinitesimales) tiene el efecto contrario, es decir, es un relajante y sedante. Este es un ejemplo real, pues hay productos homeopáticos diseñados como somníferos para las personas con insomnio, y su compuesto principal es precisamente la cafeína. Y cuanto más diluida esté, más potente es su efecto sedante, es decir, que una dilució 30CH de cafeína sería capaz de hacer dormir a una persona durante una semana o más... eso sí, bien clarito en la caja ponen que no tiene efectos secundarios, ni tampoco causa somnolencia (¿no es esto un poco incongruente? ¿que un produto para dormir no cause somnolencia?). Y usando este mismo ejemplo, haciendo un cálculo sencillo, si se estima que en la Vía Láctea hay 1048 estrellas, una dilución 30CH (1060 partes de agua por parte de principio activo) de cafeína sería como decir “asumiendo que la molecula de cafeina es del tamaño de una estrella… encuéntrala entre todas las estrellas de la Vía Láctea y parte del extranjero”… pues el número de partes de agua por parte de principio activo sería aún superior a la relación de todas las estrellas de nuestra galaxia con nuestro Sol.

Pasemos ahora a analizar el concepto de "memoria del agua". Aquí simplemente decir que si el agua tiene memoria... ¿porqué el ser humano enferma? Después de todo, el agua que bebemos, por más que la purifiquemos, por más que la tratemos, por más que la limpiemos, debería tener la memoria de todas las sustancias que han estado en contacto con ella, por lo que simplemente bebiendo un vaso de agua, deberíamos habernos inmunizado contra todos los males del "mundo mundial". Y lo de la dinamización o sucucionación para explicar el hecho de que "sólo el agua dinamizada guarda memoria" es de risa... ¿Ningún homeópata se h fijado en las olas del mar rompiendo contra la costa? ¿No está ese agua suficientemente dinamizada? ¿Y el agua de los desagües? ¿No valdría como dinamización el remolino de agua que se forma al tirar de la cadena del retrete? Mejor no seguir con este tema, porque aquí ya no hay siqueira un mínimo atisbo de raciocinio... esto es estupidez pura y dura.


En resumen, y por no explayarme más en este tipo de magias y magufadas, decir que hay que ser crítico con todo. A nivel farmacoterapéutico, cuando un producto dice claramente que NO tiene efectos secundarios, es porque NO tiene efectos de ninguna clase. Y no hay más que hablar. La homeopatía no es más que un timo. Un claro ejemplo de que la gente necesita de la “fe”. Y esto es muy grave. Porque los defensores de la homeopatía también son grandes detractores de la ciencia en si misma… y si bien puede parecer que el que una persona quiera tratar sus problemas de ansiedad con homeopatía no tiene mayor importancia, sí que lo tiene cuando esa persona también quiere tratar un cáncer con homeopatía. Lo primero es irrelevante, lo segundo no. 


Y por eso mismo, desde la profesión sanitaria, debería ser importante que fuésemos sinceros y correctos en nuestros comentarios al respecto. Nada hace más daño a la salud de la gente que el hecho de que una persona diga: “pues mi médico me lo recetó” o “mi farmacéutico me lo recomendó”… Un médico o un farmacéutico que receten o recomienden este tipo de productos (porque lo siento mucho, pero me niego a llamarlos medicinas… no lo son) han perdido por completo cualquier credibilidad. Han fallado a su juramento hipocrático. Han fallado como profesionales sanitarios. 


La homeopatía no funciona. Es un timo. Es un fraude. Y esto no es una opinión… esto es un hecho, esto es ciencia.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Real Decreto-ley 9/2011


           Antes de empezar a analizar la ley, primero hay que definir un par de cuestiones necesarias para un buen entendimiento de la misma. Así tenemos que:

1.     Conjunto de Intercambio: Aquellos medicamentos incluidos en un conjunto de intercambio son los que poseen el mismo principio activo, misma dosis, mismo número de unidades y misma forma farmacéutica (presentación).
2.     Principio Activo: El componente del medicamento que posee la actividad farmacológica deseada.
3.     Precio de Referencia: Tope máximo marcado por el Estado para la financiación por el Sistema Nacional de Salud de un Conjunto de Intercambio. Todo medicamento de precio superior no es financiado, y todo medicamento de precio inferior sí. Este valor se modifica una o dos veces al año, siempre a la baja, en función de las nuevas aportaciones a ese conjunto de intercambio, así como de los precios finales que se marquen en ese Conjunto de Intercambio.
4.     Precio Menor: Marcado por el valor del medicamento cuyo precio sea el más bajo de cada conjunto de intercambio. Este valor es modificado de forma inmediata en el momento en que un nuevo medicamento de un Conjunto de Intercambio es dado de alta con un precio más bajo que los demás.

           Y ahora toca analizar las diferencias entre esos términos. La creencia general es que se receta por principio activo, pero la realidad es que casi siempre se receta por conjunto de intercambio, pues el médico pone tanto la dosis como el número de unidades como la forma farmacéutica del medicamento deseado. Un ejemplo de la diferencia entre ambos tipos de prescripción sería la siguiente:

·        Prescripción por Principio Activo: Ibuprofeno 600 mg
·        Prescripción por Conjunto de Intercambio: Ibuprofeno (arginina) 600 mg 40 sobres

           En el primer caso habría se podría dar cualquier presentación de ibuprofeno de 600 mg, independientemente de su forma farmacéutica (sobres, comprimidos, inyectables, etc.), así como de la sal en que se encontrase el principio activo; mientras que en el segundo habría que dar cualquiera que cumpliese la condición de ser en sal de arginina y tuviese 40 sobres. Pongamos que en ambos casos el médico quisiese dar el mismo medicamento (Espidifen ™), y lo hiciese por Principio activo (primer caso) o por Conjunto de Intercambio (segundo caso). En el primero, en la farmacia se daría un ibuprofeno en comprimidos, mientras que en el segundo se daría un genérico del Espidifen ™, es decir en sal de arginina y en sobres. En ambos casos siempre el más barato de los que existan.

           En el caso de los precios, un ejemplo real sería el de la Cefuroxima 500 mg 12 comprimidos. El Precio de Referencia es de 11,75€, precio al que están todos los medicamentos que cumplen esa definición, a excepción de uno, la Cefuroxima Solasma EFG 500 mg 12 comprimidos, que está a 11,74€, por lo que el Precio Menor en este grupo de intercambio es de 11,74€.

         Ahora que ya he dado a conocer estos términos, pasaré a hacer un análisis del Real Decreto-ley 9/2011, de 19 de agosto, de medidas para la mejora de la calidad y cohesión del sistema nacional de salud, de contribución a la consolidación fiscal, y de elevación del importe máximo de los avales del Estado para 2011. Al menos en lo referente al tema que me interesa, es decir, la prestación farmacéutica. Sobre todo lo relativo al artículo 1.6 del presente Real Decreto-ley.
        
         Dice el artículo 1.6:
          Se modifica el artículo 85, que tendrá la siguiente redacción:
«1. La prescripción, indicación o autorización de dispensación de los medicamentos se realizará por principio activo, en la receta médica oficial u orden de dispensación, del Sistema Nacional de Salud.
            Asimismo, en los productos sanitarios para pacientes no hospitalizados que requieran para su dispensación en oficina de farmacia receta médica oficial u orden de dispensación, del Sistema Nacional de Salud, la prescripción, indicación o autorización de dispensación se realizará por denominación genérica por tipo de producto y por las características que lo definan, especificando su tamaño y contenido.
            En ambos casos, el farmacéutico dispensará la presentación del medicamento o del producto sanitario que tenga menor precio, de acuerdo con las agrupaciones homogéneas que determine la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.
            No obstante cuando por excepción a la norma general la prescripción, indicación o autorización de dispensación se hubiera realizado identificando el medicamento o el producto sanitario respectivamente, por su denominación comercial, no tratándose de los supuestos previstos en el punto 2 de este artículo, el farmacéutico dispensará dicho medicamento o producto si es el de menor precio de la correspondiente agrupación, y si no lo fuera dispensará el que tenga menor precio de la misma.
2. No obstante, cuando las necesidades terapéuticas lo justifiquen, así como cuando los medicamentos pertenezcan a agrupaciones integradas exclusivamente por un medicamento y sus licencias, al mismo precio que el medicamento de referencia, la prescripción, indicación o autorización de dispensación se podrá realizar identificando el medicamento o, en su caso, el producto sanitario por su denominación comercial.»



              Es decir, que es obligatorio para el médico el recetar por “Conjunto de Intercambio” (ya que lo que pone la ley es que hay que recetar por Principio Activo, pero especificando concentración, unidades y forma farmacéutica, es decir, recetar por conjunto de intercambio), y en la farmacia se dará siempre el medicamento de Precio Menor. Pero también dicen que en casos especiales el médico podrá recetar por “Nombre Comercial”, en cuyo caso la farmacia dará ese medicamento si cumple una de las siguientes condiciones:

1. Que sea el de Precio Menor
2. Que sea el único medicamento existente del conjunto de intercambio

           Por lo tanto dentro del mismo artículo tenemos que se le da a creer al médico que tiene potestad para recetar según su buen criterio profesional, pero al mismo tiempo se obliga a las farmacias a dar siempre el medicamento de precio menor, pasándose por el forro de los co**nes lo que diga el médico. Pues si lo leemos bien, tenemos que “en casos excepcionales el médico puede recetar una marca comercial, y la farmacia está obligada a darlo si es el de precio menor, de no ser así, lo cambiará por el de precio menor”. Es decir, que lo que diga el médico no sirve para nada, lo único que importa es el precio.

           Siguiendo con la lectura de la ley, tenemos que lo que el Estado define como “Precio Menor”, es la redacción antigua de “Precio de Referencia”. Pues sólo financiará aquellos medicamentos que tengan ese “Precio Menor”… todo lo que lo supere deja de estar financiado.

           Pero resulta que al ser el “Precio Menor” un valor que cambia a medida que van saliendo medicamentos nuevos al mercado, ¿cómo será posible que este tema pueda salir bien? Me explico. Por poner el mismo ejemplo que di antes con la Cefuroxima. Según este RD el único medicamento que se podrá dar en farmacias (al margen de que el médico recete por principio activo, o bien ponga Zinnat ™, o Cefuroxima Normon, o cualquiera de los otros) es la Cefuroxima Solasma EFG ™… pero resulta que este medicamento en concreto es un “Alta No Comercializada”… es decir que es un medicamento que está dado de Alta en el Noménclator, pero que no es posible de encontrar pues no se comercializa. Pero es el que marca el Precio Menor de ese conjunto de Intercambio (y antes de que nadie me diga nada sobre el tiempo que se necesita entre que se da de alta y se empieza la comercialización, añadiré que este medicamento en concreto se dio de Alta en el Sistema Nacional de Salud en el año 2007, y desde entonces ahí se ha quedado). Por lo que si un médico que consulta a un paciente analiza que dicho paciente necesita de una cefalosporina, concretamente de una cefuroxima, en una concentración de 500 miligramos, en dos tomas diarias durante 6 días (la pauta normal en este medicamento), y así lo hace constar en una receta oficial, cuando ese paciente llegue a la farmacia, será obligación del farmacéutico que allí se encuentre de decirle al paciente: “Lo siento mucho pero si quiere ese medicamento tendrá que pagarlo, pues la Seguridad Social sólo paga un medicamento que NO EXISTE”.

           Y como este ejemplo hay muchísimos más, de medicamentos que marcan el Precio Menor pero que no existen comercializados.

           Supongamos pues que se eliminan del sistema de precios aquellos medicamentos que no estén comercializados y que queden sólo los que tengan una comercialización real (pues hay muchos que aparecen marcados como Alta Comercializada, pero que luego a la hora de la verdad no hacen más que una cantidad de medicamento totalmente irrisoria, para “cumplir”, pero que no llega para cubrir las necesidades reales; es decir que son casas que dan de alta un medicamento para ganar fama, para ganar poder político o para “incordiar”, pero sin una infraestructura real detrás que pueda mantener una producción real y efectiva del producto), cuando un paciente llegue a una farmacia a retirar la medicación prescrita por el médico, se encontrará con el mismo problema, pues la farmacia no puede hacer frente al coste que supone tener un Stock “fantasma”. Me explico. En vista de la definición de “Precio Menor”, una farmacia no podrá hacer análisis de inventario y control de Stock jamás, pues si compra el Medicamento A hoy por la mañana, tal vez por la tarde el Medicamento B sea un céntimo más barato, por lo que haya desplazado al Medicamento A de la financiación. La farmacia se “come” el exceso de Stock y el paciente se queda sin medicación. Pues si se le dice al paciente “Vuelva usted en un rato, que pido el que le tengo que dar”, a lo mejor cuando llegue el pedido con el Medicamento B, ya ha salido el Medicamento C otro céntimo menor y por lo tanto el B también queda relegado de la financiación.

           Por lo que el Estado ha de cambiar la definición de Precio Menor. Dejará de ser un valor de cambio “inmediato” y se transformará en un valor “estable en el tiempo” (posiblemente harán revisiones cada 3 a 6 meses para poner un nuevo valor), permitiendo así a las farmacias hacer un mejor análisis de Stock y cargarse con un único tipo de medicación de cada conjunto de intercambio, que se encuentre dentro de ese “Precio Menor”. Pero sólo si se permite a la farmacia dar “por debajo de Precio Menor” y no “el de precio más bajo”, pues en el segundo caso volvemos al problema anterior, haciendo imposible una correcta dispensación.

           De todas formas, aún cuando hagan este cambio, yo me pregunto ¿están tontos? Resulta que si volvemos al inicio de este post y leemos la definición de “Precio de Referencia”, resulta que será lo que estén definiendo como el nuevo “Precio Menor”. Se me ocurren dos posibilidades:

1.     Que los políticos no tengan ni idea de lo que hacen, intenten siempre salir por la tangente haciendo cambios absurdos que les salven el pellejo al menos mientras les dure la legislatura, mientras creen que la población siempre aceptará sus decisiones como algo “razonado” y “consecuente”, basándose en la ignorancia de las masas.
2.     Que los políticos tengan una serie de “compromisos” asociados a ese “Precio de Referencia”, por lo que bajarlo sea imposible, de forma que se inventan otro nuevo término que, aunque en la práctica sea lo mismo, en la “teoría” les salve el culo mientras la gente se lo crea.

           No es por ser malo… pero es que no se me ocurre ninguna otra razón para ello. Si querían pagar menos por los medicamentos, tenían en su mano el mecanismo que llevan usando desde hace muchos años, que es la revisión de los precios de referencia, bajando ese tope máximo a financiar hasta valores más asequibles para el Estado. Pero en lugar de eso, crean una ley nueva, en la que se meten en camisas de once varas, donde definen muchas cosas de las que queda patente que no tienen ni idea, donde crean problemas donde no los había, y donde se demuestra una vez más que para estar metido en política el único requisito es ser inútil cerebral.

           Otro problema que le veo a este  RD si no se cambia de aquí a que surja el nuevo Noménclator (que será cuando se pongan en marcha este artículo 1.6) es el de que se crearán monopolios de medicamentos. Me explico: A día de hoy hay muchas casas de medicamentos con una reputación consolidada cada una de ellas en todas las presentaciones que tienen. Cuando la única forma de poder tener una molécula sea tener la más barata de todas, y sabiendo que esa será la única que se financiará, seguro que dichas casas llegan a acuerdos entre ellas para repartirse esas moléculas, una hará la molécula A, otra la B, otra la C, otra la D, y así sucesivamente. De forma que se eliminará el concepto de “competencia” de la ecuación, se pondrán precios arbitrarios propios del comercio monopolístico, y aún encima nos encontraremos con que al no haber competencia real, la calidad del producto “puede” que ya no sea “óptima” (y esto, en medicamentos, es algo que da mucho miedo).

           Y aunque el Gobierno de turno cree una ley que diga que es necesario que haya al menos dos presentaciones de cada, no puede obligar a nadie a crear un medicamento sabiendo que va a tener pérdidas. Pues la única manera que tendrán de obtener beneficio es a través de la venta de una única presentación.

           Sobre todo sabiendo que la ley (este maravilloso RD) pone unas multas (de graves a muy graves) si el titular de la comercialización (palabras textuales, por lo que si leemos “por encima”, como titulares de comercialización tenemos tanto al fabricante, como al distribuidor como a la farmacia… es decir que estamos vendidos) no es capaz de tener un correcto suministro del producto. Por lo que ninguna casa se lanzará a fabricar un medicamento sin antes saber si pueden ganar ese monopolio del mismo.

           Por ejemplo, a día de hoy una casa de medicamentos genéricos tiene una serie de máquinas que fabrican una serie de medicamentos. Las mismas máquinas fabrican muchos medicamentos diferentes. Para cubrir las previsiones se hacen grandes estudios que permitan una producción óptima de todos, entendiendo por óptima aquella producción en la que los medicamentos que dan beneficio son capaces de compensar a los que dan pérdidas. Pues aunque la gente piense que no es así, que los medicamentos son muy caros, la realidad es muy diferente. Hay medicamentos que son muy caros, cierto, pero también hay medicamentos que se comercializan a precio inferior al de coste, y son los primeros los que han de compensar las pérdidas ocasionadas por los segundos. Lo que pasa es que la casa en cuestión, además de por cantidades de producto vendido, compensa esa pérdida también con el prestigio y el nombre que da tener ese principio activo (por ejemplo ibuprofeno y paracetamol, son principios activos en los que el precio final de venta al público de cada caja está un poco por debajo del precio de coste de la misma, pero que la diferencia se compensa por la cantidad que se vende de cada uno, asociado al nombre de empresa y al prestigio de la marca, de forma que cuando un paciente se toma un paracetamol de la casa X y le va bien, cuando tenga que tomar otro medicamento para otra patología diferente, ya asociará la marca X del paracetamol con la calidad, por lo que pedirá esa misma marca). Ahora tomemos con que hay que cumplir las cuotas, por lo que se dejan de fabricar los que dan beneficio... o bien la casa obtiene el monopolio de ese medicamento (deja de dar pérdidas y pasa a dar beneficio por el volumen total de las ventas) o tendrá que eliminar de la producción el de las pérdidas y centrarse en la producción de los que dan beneficios.

           Claro que todo esto se quedará en mera teoría si al final lo que ocurre es que simplemente cambien la definición de “Precio Menor”, para equipararla a “Precio de Referencia”, pues como ya comenté antes, entonces seguiríamos como estábamos, pero con menores precios en todo.


           Y por ahora ya lo dejo. Simplemente quisiera dejar una serie de reflexiones finales sobre este asunto.

1.     El Estado está intentando salvar un Sistema de Salud que hace tiempo que está muerto. Si nos fijamos en los Presupuestos Generales del Estado de los últimos años, podemos ver una clara imagen de lo que quiero decir. La deuda que tenía contraída el Estado a nivel sanitario era siempre muy superior a lo presupuestado. Es decir, que con el dinero que se destinaba a pagar la sanidad, no se podía siquiera cubrir las deudas acumuladas de años anteriores. Y mientras no se pague todo lo que se debe, jamás se solucionará nada (ni en este tema, ni en ningún otro).
2.     El Estado intenta aumentar el control total y absoluto en este asunto, y precisamente por ello se está hundiendo aún más. A mayor control, mayores impuestos. A mayores impuestos, menor riqueza de la gente. A menor riqueza de la gente, menores condiciones de salud de la misma. A menor condición de salud, mayor gasto en sanidad pública. A mayor gasto en sanidad pública, mayores deudas para el Estado. A mayores deudas para el Estado, más control y más impuestos. Es un círculo vicioso, en el que ya estamos inmersos. Intentan salvar algo que ya no tiene salvación.
3.     Se ha creado una imagen de los profesionales sanitarios como de “engendros inferales”. Tanto médicos como enfermeros como farmacéuticos somos vistos como “enemigos públicos”. Como si nuestro trabajo y buen hacer no tuviese valor. Como si todo lo que hacemos debiera ser totalmente gratuito al ser para “beneficio del pueblo”. Eso sí, en cuando sale alguna medida de control de gasto que les afecta a ellos (reducción de salarios, EREs, etc.), bien que salen a la calle en tromba para protestar. Se ve que los profesionales sanitarios no tenemos los mismos derechos que los demás (lo cual, por otra parte, es cierto, veamos por ejemplo lo que pasó en Castilla, cuando el gobierno autonómico no pagó a las farmacias, haciendo que muchas de ellas se encontrasen en situaciones en la que tuvieron que hipotecar todo su patrimonio para poder seguir trabajando, aún sin saber si iban a cobrar alguna vez, cuando esas farmacias se pusieron en huelga de un día, no sólo la opinión pública se les puso en contra, sino que aún encima el gobierno autonómico, ese mismo gobierno que no les paga, les grava con multas altísimas el hecho de que quieran cobrar lo que se les debe).
4.     Todo el ahorro que se ha generado desde hace años en el Sistema de Salud (todas las medidas diseñadas a gastar menos) no se ha reinvertido en mejorar el Sistema, sino que se ha gastado en otras partidas. Desde gastos en publicidad, hasta financiar el nefasto Plan E. Y ahora estoy convencido de que en el mes que viene empezaremos a ver publicidad de cómo el Estado es fantástico y maravilloso y se preocupa de la gente y por eso ha creado esta ley, diseñada para que “esos cabrones profesionales sanitarios no vampiricen el sistema” y que los pacientes “tengan el más mejor de los futuros”. Tanto a nivel publicidad como a nivel de comentarios de prensa de medios afines.


           Y ahora sí que lo dejo ya, que me caliento y al final pierdo la objetividad que he intentado tener en este post. Algo que me ha costado horrores, pues si bien esta ley salió el sábado pasado, hasta ahora no he sido capaz de escribir esto con la mente centrada (y por desgracia, ni así creo que lo he conseguido).